lunes, 30 de abril de 2012

Alguien que me sabría definir a la perfección.


Esto debe ser lo del locus amoneus que nos han contado en clase -se decía ella-. Aquí, sentada en este paraje, a la sombra de un...bueno, no sé de qué árbol, con el sol brindándome la tibieza de una mañana do noviembre (impropia de este tiempo, diría yo), algunas pocas flores que parecen haber resistido los rigores del otoño, y hasta algún pajarillo que se acerca al río para saciar su sed. Y mi libro. Solo espero que no me caiga una manzana, como a Newton, para estropear este momento de magia. Además, por otro lado, me extrañaría mucho que se me hubiese ocurrido enunciar la ley de la gravedad.
Y sí, digo ''magia'', porque también es mágico Orgullo y Prejuicio, aunque nada tenga que ver con amores vampíricos, que es lo que atrae a mis amigas. Claro, y por eso soy la rara... porque ''¿a qué chica de dieciséis años le gustan las cursilerías?'' ¡A mí, y a mucha honra! Ya estoy cansada de estar limitada a lo que se supone que tiene que ser de mi agrado. ¡Por supuesto que me encantó Crepúsculo! ¡Si me he leído todas las novelas de la saga! Pero de ahí a que todo mi mundo literario tenga que restringirse a hombres lobos y chupa sangres...
Al fin y al cabo, ¿tanto se diferencia Isabella y Edward de Elisabeth y Darcy?

Me gusta que la literatura tenga imaginación y trate temas fantásticos, pero no entiendo por qué no puede tocar asuntos que se alejan de nuestra vida de instituto. ''Literatura juvenil'', la llaman. ¿Tan idiotas creen que somos , que solo podemos asimilar las historias que están relacionadas con nuestro ámbito natural? ¿Tan superficiales nos ven a los jóvenes, que no somos capaces de ver más allá? Parece que lo único que puede llamar nuestra atención es la música (y a veces hay que ver qué música), el botellón, o el chico tan mono que se sienta dos filas por delante; o que nuestras miras son tan cortas que vamos a tragarnos, sin anestesia incluso, todas esas series, de nuevo denominadas ''juveniles'', en las que chicos y chicas como yo viven solos en su apartamento, o tienen un lío con tal o cual profesor. ¡Venga ya!
Hoy no. Hoy no me apetecía salir con mis amigas. Hoy prefiero quedarme aquí, a ver si de una vez por todas termino el libro, porque, con lo que tengo que estudiar, aprovechar este ratito tranquila es un gusto. También hay que valorar la soledad y el silencio, porque sin ellos no podría pensar, que creo que es lo que menos hago, y es lo que permite que no sea una oveja más del rebaño. ¡Vaya! Esto debe ser lo del beatus ille, lo de disfrutar del retiro y la soledad en contacto con la naturaleza, con el locus amoneus . Pues no está tan mal. Curioso.
By: Francisco Javier Morata


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