A pesar de que prefiero escribir mis propias entradas, hace poco descubrí un gran escritor y quiero destacar cada una de las palabras que utiliza para descubrirnos el mundo tal y como él lo ve. Por ello, me gustaría dejar de nuevo un post que escribió hace tiempo sobre una de las series que más me ha gastado este verano. No puedo estar más de acuerdo con cada palabra sobre ella.
Nuestro cerebro no distingue entre mirar la experiencia de un personaje de ficción y vivir esa actividad en la vida real.
Así, cuando vemos un beso en una pantalla las áreas de nuestros cerebros que se activan son las mismas que cuando besamos.
Por eso es tan importante la cultura para ejercitar la empatía: porque nos hace constantemente colocarnos en otros lugares.
Y lo que consigue la serie "Normal People" es algo tan complicado como que tu cuerpo se enamore.
No de alguien, ni de algo, sino de un lugar.
Un lugar que edifican dos personas a lo largo del tiempo y en el que se deposita la intimidad y la confianza.
Esa es la arqueología del amor.
Esta es una serie sobre cómo los seres humanos somos capaces de construir en el otro un hogar.
Una orilla, una certeza y la posibilidad de ser tú.
Un rincón en el universo en el que no se te juzgue.
Este es un relato sobre el vivero de la masculinidad.
Sobre cómo los hombres le deben pleitesía a la fraternidad.
Sobre cómo socializar de espaldas a uno mismo.
Sobre cómo la incomunicación acaba consiguiendo el resultado contrario a lo querido.
Sobre cómo se puede cuidar cuando no hay nadie más y descuidar cuando el mundo hace acto de presencia.
Esta es una historia sobre el consentimiento.
Sobre lo complejo, líquido y extraño del deseo.
Sobre cómo preguntar qué es lo que tú necesitas.
Porque Normal People lo que nos enseña es sobre el respeto.
Porque no hay amor sin respetar profundamente lo que la otra persona es.
No hay amor si no somos capaces de conocer al otro.
De entender que hay aspiraciones, estremecimientos y acantilados de los demás que son solo suyos.
En los que no tenemos nada que ver.
En los que lo único que podemos hacer es acompañar.
Ser ese punto de encuentro.
Esa familia elegida.
Ese instante.
En el que poder reconocernos.
Para existir.
Sin perdernos.
(Roy Galán)
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