martes, 8 de septiembre de 2020

Normal People

 A pesar de que prefiero escribir mis propias entradas, hace poco descubrí un gran escritor y quiero destacar cada una de las palabras que utiliza para descubrirnos el mundo tal y como él lo ve. Por ello, me gustaría dejar de nuevo un post que escribió hace tiempo sobre una de las series que más me ha gastado este verano. No puedo estar más de acuerdo con cada palabra sobre ella.


Nuestro cerebro no distingue entre mirar la experiencia de un personaje de ficción y vivir esa actividad en la vida real.

Así, cuando vemos un beso en una pantalla las áreas de nuestros cerebros que se activan son las mismas que cuando besamos.

Por eso es tan importante la cultura para ejercitar la empatía: porque nos hace constantemente colocarnos en otros lugares.

Y lo que consigue la serie "Normal People" es algo tan complicado como que tu cuerpo se enamore.

No de alguien, ni de algo, sino de un lugar.

Un lugar que edifican dos personas a lo largo del tiempo y en el que se deposita la intimidad y la confianza.

Esa es la arqueología del amor.

Esta es una serie sobre cómo los seres humanos somos capaces de construir en el otro un hogar.

Una orilla, una certeza y la posibilidad de ser tú.

Un rincón en el universo en el que no se te juzgue.

Este es un relato sobre el vivero de la masculinidad.

Sobre cómo los hombres le deben pleitesía a la fraternidad.

Sobre cómo socializar de espaldas a uno mismo.

Sobre cómo la incomunicación acaba consiguiendo el resultado contrario a lo querido.

Sobre cómo se puede cuidar cuando no hay nadie más y descuidar cuando el mundo hace acto de presencia.

Esta es una historia sobre el consentimiento.

Sobre lo complejo, líquido y extraño del deseo.

Sobre cómo preguntar qué es lo que tú necesitas.

Porque Normal People lo que nos enseña es sobre el respeto.

Porque no hay amor sin respetar profundamente lo que la otra persona es.

No hay amor si no somos capaces de conocer al otro.

De entender que hay aspiraciones, estremecimientos y acantilados de los demás que son solo suyos.

En los que no tenemos nada que ver.

En los que lo único que podemos hacer es acompañar.

Ser ese punto de encuentro.

Esa familia elegida.

Ese instante.

En el que poder reconocernos.

Para existir.

Sin perdernos.

(Roy Galán)








 

viernes, 3 de julio de 2020

Lekeitio


Como ya comenté en otra de mis entradas es impresionante como pueden llegar a cambiar las cosas en  poco tiempo. Llega el verano y automáticamente nuestra mente viaja a rincones donde ha pasado largos periodos de tiempo durante esta estación. A pesar de que todo ha cambiado, para mí el siguiente lugar es y será un recuerdo que me acompañe toda la vida. 

No puedo nombrarlo como un sólo lugar, en realidad, es una zona que apareció en mi vida de repente, por sorpresa y sin esperarlo. Poco a poco se fue convirtiendo en un sitio que descubrir, explorar e investigar para estar segura de empezar a formar parte de él. Con el paso del tiempo solo esperaba que llegara el fin de semana o las vacaciones para poder seguir disfrutando, sin embargo si algún día se acababa la conexión principal con este lugar, no poder volver iba a ser lo más doloroso de todo. Y así fue, llegan estas fechas y lo echo mucho de menos. Sin embargo, por razones desconocidas, no echo de menos lo que pensaba que sería lo más lógico, simplemente echo de menos volver y desconectar allí aunque sean dos días, da igual la conexión que tenga. He descubierto que los lugares son lugares y no cambian, siempre van a estar ahí, pero las personas sí lo hacen, por lo que no renunciar a volver a este lugar sin importar con quién ir, es la mejor lección que me llevo de este tiempo. 

No hay nada mejor que crear nuevos recuerdos en lugares que te han marcado. 

Por último, una de las partes esenciales de estos lugares es la música que los acompaña. Aunque pase el tiempo y los recuerdos se vayan desvaneciendo, esta canción estará en mi memoria cada vez que recuerde el tiempo que pasé en este lugar. 




martes, 26 de mayo de 2020

Nana Triste

A veces querer no es suficiente.
Porque quieres y a veces no es posible.
Porque no estás en el mismo lugar mental.
Porque tú quieres algo y la otra persona lo contrario.
Porque la vida te ofrece cosas.
Y algunas veces esas cosas te alejan.
El amor ni basta.
Ni salva.
El amor además de sentirlo hay que construirlo.
Requiere de mucha paciencia y tiempo.
Requiere que las personas vivan en el mismo momento.
Que una no esté enganchada al pasado como una bolsa de plástico a las ramas de un árbol.
Que la otra no esté proyectada al futuro como un cohete en busca de vida en otro planeta.
Requiere voluntad y presencia.
A veces quieres muchísimo y ves que no puede ser.
Y te duele.
Porque no funciona.
Y tú lo intentas, de verdad que lo haces.
Pero nada.
A veces lo mejor es dejar ir.
Es asumir la imposibilidad.
Es aceptar con calma y afecto.
Te quiero, pero no estamos hechos para acompañarnos.
Agradecer el tiempo compartido.
Aquel en el que creciste y recibiste cariño.
Y continuar con nuestro camino.

RoyGalan

domingo, 3 de mayo de 2020

Babel


Me gustaría empezar esta nueva perspectiva hablando de cada uno de los sitios o lugares que han marcado un antes y un después en mi vida. Porque no solo las series y películas traen recuerdos a mi mente, desde hace un tiempo estoy empezando a coger especial cariño a lugares que me recuerdan distintas épocas de mi vida, así como la música que la acompaña. De esta manera, me gustaría empezar por un lugar, más bien una ciudad, que supuso el principio de una etapa vital en mi desarrollo personal y profesional.

Teruel, ciudad de los amantes. Los amantes de Teruel es una de las historias más bonitas y tristes de amor de la historia. Sin embargo para muchos es totalmente desconocida, al igual que esta pequeña ciudad. Tristes y bonitos, así definiría mis cinco años en este lugar. 

Triste porque ha sido testigo de grandes engaños, desamores, suspensos, celos...etc. Sin embargo, creo que gana por goleada la palabra bonito. Bonito porque es en esta ciudad donde de verdad encontré la amistad, esa que espero que dure toda la vida. Bonito porque gracias a su educación encontré la vocación de mi vida. Bonito porque aprendí a vivir sola y no necesitar a los demás en todo momento, aunque sí unos pequeños peludos que tanto me aportaron. 
Así podría seguir hasta aburrirme. 


Porque a pesar de despedirme de esta ciudad cada vez que la visito y pensar que nunca más la voy a volver a ver, siempre aparece alguna manera de regresar y seguir añadiendo partes a mi memoria. Como el último viaje este pasado diciembre, donde pude subir a una de sus más altas torres y rememorar en buena compañía de cada pedacito de historia de este sitio.



Como he comentado antes, no quería dejarme una parte esencial de todos estos lugares: la música que las acompaña. Siento especial cariño por esta tierra, sobretodo por todas las canciones que he conocido gracias a ella y su entorno. Porque sin ellas no me habría convertido en la persona que soy ahora. Creo que es la vez que más me ha costado decidir qué canción poner ya que en esa época empecé a escuchar todo lo que hoy amo. Sin duda, os dejo una de esas canciones que por mucho que pasen los años siempre será mi debilidad musical.

Me da vértigo el punto muerto
y la marcha atrás,
vivir en los atascos,
los frenos automáticos y el olor a gasoil.

Me angustia el cruce de miradas

la doble dirección de las palabras
y el obsceno guiñar de los semáforos.

Me arruinan las prisas y las faltas de estilo,
el paso obligatorio, las tardes de domingo
y hasta la línea recta.

Me enervan los que no tienen dudas
y aquellos que se aferran
a sus ideales sobre los de cualquiera.

Me cansa tanto tráfico
y tanto sinsentido,
parado frente al mar mientras que el mundo gira.



SimpleChica

viernes, 1 de mayo de 2020

Revolviendo otra vez

Empezamos mes y empezamos nuevo punto de vista.

Después de muchos años he decidido cambiar el formato del blog. Necesitaba darle otro enfoque, 
me gustaría dejar un poco atrás la idea de acudir a este espacio para volcar únicamente mis pensamientos y emociones más negativos (no siempre), esa idea ya no me convence.  
Como siempre he defendido cada bache en el camino es una fuente de aprendizaje y evolución, qué mejor que esta situación tan parecida al fin del mundo (mi YO del futuro lo entenderá) para revolverlo todo y empezar de nuevo. 

Siempre tendré ese pedacito para recordarme que se puede avanzar. 



SimpleChica

lunes, 27 de enero de 2020

Deja que todo te suceda...

El título de esta entrada define en pocas palabras el mensaje que me gustaría dejar el día que ya no esté en este mundo.

Creo que debemos vivir cada experiencia desde el aprendizaje, sabiendo que la vida es cambio, es impermanencia. Cada situación vivida nos permite evolucionar, a veces buscamos explicaciones para acontecimientos que nos suceden y a veces las cosas suceden porque tenían que suceder. 

Y sí, vaya forma más mística de empezar el año. Pero tras varios viajes en montaña rusa, podría decir que por fin me siento bien y creo que he aprendido a dejar que todo me suceda y disfrutar de esa sensación. 

Os dejo la escena de una película que vi el otro día, me encantó y me hizo reflexionar sobre la vida (como la mayoría de trocitos que siempre os adjunto) que más allá del tema principal, me sacó una sonrisa, sobre todo en esta escena.

"Deja que todo te suceda: belleza y terror.
Solo sigue adelante. Ningún sentimiento es definitivo"

-Rainer Maria Rilke-


SimpleChica